Quiero ser feliz.

Son las 6:30am hora de levantarse, me ducho y me visto con el traje, la camisa, la corbata con el “uniforme” que dejé preparado anoche. Lo único que escojo el mismo día es el reloj, depende de mi agenda y de cómo me siento escojo uno u otro.

Bebo mi vaso de agua con limón, una madre de la clase de mi hijo le dijo a mi pareja que desde que bebía un vaso de agua con limón en ayunas se sentía mucho mejor porque depuraba su cuerpo. Desde ese día los dos bebemos nuestro vaso de agua con limón en ayunas. Mal no me sienta.

Aparco en el parking de la empresa para empleados y salgo a la cafetería de la esquina para desayunar mi café solo, mi agua fría y mi mini del día, normalmente jamón york, pavo, o serrano.

Dios mío, a veces tengo la sensación de estar en el día de la marmota. Cada día lo mismo. Nada cambia, sobre todo esa sensación de pesadez, de que algo no va bien. Hoy mi hijo tiene partido, volveré a perdérmelo. No sé que me jode más, si el hecho de perderme otra vez su partido o que ya no me pregunte si iré a verle. ¿Qué pensará? Sabrá que no voy porque estoy trabajando y lo hago para poder darle todo, TODO, que lo hago por él.

¿A quién quiero engañar? No lo entenderá así. Un día se dará cuenta que las reglas del juego de los mayores son esas, trabajar y perderte muchas cosas de tu familia. Pero no lo entenderá.

Mi familia me pregunta cómo estoy, cómo me siento, que si he pensado en ir al psicólogo. Y eso sólo porque les dije a mis padres que quería ser feliz. Dios mío esta es la sociedad en la que vivimos.

Ojalá mi hijo no acepte nunca estas reglas, sea feliz y no deje de perseguir la felicidad a toda costa. Pero qué ejemplo le estoy dando? Pretendo que haga lo que yo no me atrevo, pretendo que haga algo que yo con mi ejemplo le estoy demostrando todo lo contrario.

Yo sólo quiero ser feliz, llevar a mi hijo al colegio, recogerle, ver como sale y se lanza a mis brazos para inmediatamente salir corriendo persiguiendo a sus amigos. Un día, el curso pasado llegué antes de un viaje a Méjico, y le di la sorpresa de ir a buscarlo al colegio. Él no lo sabía, era una sorpresa. Cuándo salió buscaba a su madre, ni siquiera me vio la primera vez, tardó unos segundos en reaccionar, volvió a mirarme muy despacio, como para querer asegurarse, abrió los ojos que no le cabían en la cara y corrió hacia mi, por el camino se llevo por delante a un par de niños, sé que está mal pero no me importó. Sólo veía como venía a por mi, no importaba nada ni nadie más. Saltó a mi pecho y lo abracé. Me lo comía a besos y él me miraba, me tocaba la cara, me acariciaba la barba, como para estar seguro que era yo. Luego me abrazó fuerte unos segundos. Luego se bajó y me cogió la mano muy fuerte no me quería soltar. Salimos del colegio y me llevaba hacia sus amigos, sin soltarme de la mano les decía orgulloso “es mi papá”. Le di la merienda, un bocadillo de Bull negro que le había preparado antes de salir de casa, es uno de sus preferidos. Ni siquiera tenía buena pinta, su madre los hace espectaculares. Me preguntó si se lo había preparado yo, supongo que rápidamente vio la diferencia con los de su madre. Le dije que sí, y ante mi sorpresa, dibujó una sonrisa y me dio un fuerte beso. Lo devoró, me dijo que estaba muy bueno. Casi lloro. Mi mujer se ríe de mi porque me emociono mucho con cosas muy pequeñas muy normales. Me dice que parezco una mujer y se ríe, aunque sé que ella también se emociona cuando me ve.

 

Me quedé embobado mirando como jugaba. A la media hora volvíamos andando a casa cogidos de la mano, me contaba como le había ido en el cole, básicamente cosas del patio, lo demás no le interesa demasiado. Me contaba los goles que había marcado, cómo le había quitado la pelota a otro, un regate, en fin no calló en todo el camino. Y yo seguía mirándolo embobado.

Eso es ser feliz, eso es la prueba que la felicidad existe y es posible.

De verdad tengo que estar enfermo para querer poder hacerlo más veces, para poder pasar más tiempo con mi mujer, mi hijo y mis amigos?? No lo entiendo.

Mis amigos me dicen que lo entienden un poco, pero luego me preguntan por el estrés, la presión del trabajo etc.

Ayer quedé a comer con mi mejor amigo, eso sólo ya merecía una celebración, hacía casi cinco años que no lo hacíamos. Hablamos, hablamos mucho, largo y tendido, nos pusimos al día y le conté todo lo que pasaba por mi cabeza. Se calló, me miró unos segundos y me soltó “por fin, ya era hora, no sabes cuánto te hemos echado de menos”. Respiré, me disculpé por haberles dedicado tan poco tiempo, me dijo que eso no importaba, que lo realmente importante es haberme dado cuenta emocionalmente de lo que me ocurría. Me contó que tres años atrás le había pasado a él algo muy parecido. Un día dijo basta y dejó su trabajo, cambiaron de casa, se fueron fuera de Barcelona, a un pueblo más pequeño, donde sus hijos, tiene tres, pudieran crecer en otro entorno y conocer otras cosas, otros valores. Con su mujer montó un pequeño negocio de reformas. Son Arquitectos y se dedican a hacer proyectos, a su ritmo. Ganan menos dinero que antes pero ahora tienen tiempo para gastarlo y para disfrutarlo todos juntos.

Me dijo que lo más importante en mi situación, es trabajar mi desarrollo personal, emocional. Con el tiempo me he dado cuenta de cuánto le debo por esos consejos. Me dijo que ahora me iba a enfrentar con unas situaciones muy diferentes, para unas inseguridades, dudas, necesidades personales muy diferentes a lo que había hecho hasta entonces.

Entiendo lo que quiere decir, la sensación de caída libre si doy el paso es una sensación difícil de digerir.

He visto en Barcelona Activa unos seminarios talleres que parecen muy interesantes. Buscaré información en la red para ver qué opciones hay. Lo primero que tengo claro, es que debo hacer algo, y debo hacerlo YA.


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